En los anteriores artículos hemos aprendido fundamentalmente a reescalar siempre al tamaño que queramos ver nuestras fotos y a aplicar nitidez adicional a la hora de colgarlas a la web para que queden más vistosas. En este último artículo terminaremos esta pequeña trilogía hablando de la impresión.
Cuando queramos imprimir una fotografía (ya sea en la impresora de casa o en la impresión profesional de un laboratorio) deberemos tener en cuenta siempre el tamaño de salida, es decir, los centímetros o pulgadas a los que queremos hacer la fotografía. Para ello, debemos hacer un reescalado adecuado de la imagen nosotros mismos. El porqué es bien sencillo si habéis entendido los anteriores artículos; si lo hacemos nosotros mismos tendremos un pleno control del proceso. En cambio, si dejamos este proceso en manos de terceros, la mayor parte de las veces lo realizarán de manera automática con diferentes programas (mejores o peores) lo cual se traducirá en una merma de la calidad y definición de nuestra foto, es decir, en menor nitidez. Ahora bien, para conseguir una copia óptima deberemos tener en cuenta una serie de aspectos distintos a los considerados en el remuestreo para web.
